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Software · · 6 min

Mantenimiento de instalaciones: el histórico por equipo que nadie lleva

Cada caldera, cuadro o climatizador tiene una historia: revisiones, averías, piezas. Por qué casi nadie la tiene y qué cambia cuando se anota en el parte.

Eloy Ruiz Linares · Producto, cloud e IA

Esquema sobre fondo oscuro: el parte de trabajo alimenta la ficha de una caldera con su instalación, revisiones, averías y la siguiente revisión
Ilustración de Ignira
  • Cada equipo tiene una historia. Revisiones, averías, piezas cambiadas, lecturas, avisos que el cliente ignoró. En una empresa de mantenimiento pequeña esa historia suele estar repartida entre la memoria de los técnicos y carpetas que nadie abre.
  • Nadie la lleva porque se escribe después, en otro sitio y por alguien que no estuvo en la visita. El técnico no gana nada rellenándola y la oficina no tiene con qué.
  • El parte es la fuente. Si cada parte nombra el equipo sobre el que se ha trabajado, el histórico se forma solo, visita a visita.
  • Del histórico salen las revisiones pendientes y el informe para el cliente. Vale como prueba de lo hecho; el acta que exige cada reglamento tiene su propio formato.

Una empresa de mantenimiento vive de volver. Vuelve cada trimestre a la misma sala de máquinas, cada año al mismo cuadro, y, cada vez que suena el teléfono, a la misma cubierta. Lo que sabe de cada equipo es su ventaja sobre cualquier otro mantenedor. Y casi nunca está escrito.

Un equipo, una historia

Una caldera de gasóleo en una comunidad de vecinos, instalada hace cinco años. Desde entonces ha tenido cuatro revisiones anuales, dos averías del quemador en invierno, un cambio de bomba y una fuga en el vaso de expansión que se apañó en enero y se arregló en marzo. En una revisión el técnico anotó que el tiro de la chimenea estaba justo. El presidente de entonces dijo que ya lo verían.

Un climatizador en la cubierta de una nave. Compresor cambiado en el segundo verano, dentro de garantía. Presostato de alta que dispara cuando el condensador se ensucia, cada mes de julio.

Todo eso ha pasado y alguien lo sabe. El primer técnico se acuerda de la fuga porque le tocó a él. El segundo lleva la cubierta y sabe lo del presostato. El tercero entró hace un año y no sabe nada de ninguno de los dos equipos. En la oficina hay una carpeta por cliente con los partes firmados, ordenados por fecha y no por equipo.

Cuando el compresor vuelve a fallar en el tercer verano, la pregunta es sencilla: cuándo se cambió y si sigue en garantía. La respuesta está en un parte de hace dos años, entre otros treinta de ese cliente. Se encuentra, pero hay que sentarse a buscarlo, y se busca cuando el compresor ya está parado.

Por qué nadie la lleva

El histórico se escribe después. El técnico termina la visita, firma el parte con el cliente y se va a la siguiente. Lo que ha hecho está en el papel, con letra de furgoneta, y en su cabeza. Pasar eso a una ficha por equipo es una segunda tarea, en otro momento y en otro programa.

Esa segunda tarea recae en la oficina, que no estuvo en la visita. Quien teclea lee "revisión anual, cambio de filtros, OK" y no puede añadir que el tiro estaba justo, porque el parte no lo dice o lo dice en un margen. Los datos que dan valor al histórico son los que solo tiene el técnico.

El incentivo tampoco ayuda. Al técnico que rellena bien el histórico le cuesta diez minutos por visita y no ve el beneficio hasta dentro de un año, cuando vuelva al equipo. Al que no lo rellena no le pasa nada. Cuando llega la avería, la resuelve el que se acuerda, y acordarse se premia con un "menos mal que estabas tú". La empresa recompensa la memoria individual y deja sin premio el registro compartido. Con ese reparto, el histórico dura tres meses y se abandona en la primera campaña de frío.

Que el parte lo escriba significa otra cosa. El técnico rellena un parte, uno solo, en la visita. Ese parte lleva el equipo identificado y los campos que el histórico necesita. Al cerrarlo, la entrada del histórico ya existe. Nadie la reconstruye después.

El parte que alimenta el histórico

Para que el histórico sea un subproducto, el parte tiene que llevar algunas cosas que el de papel no lleva. La primera es el equipo identificado. El parte de papel dice "Comunidad Los Tilos, sala de calderas". El parte que alimenta el histórico dice qué caldera, con su número de serie o con la referencia interna que le haya dado la empresa. Se puede elegir de una lista, buscar por referencia o leer una etiqueta pegada al equipo, con un código que lee la cámara del móvil o sin él. Lo importante es que el equipo exista como registro y el parte lo señale.

El tipo de trabajo. Revisión periódica, avería, puesta en marcha, reparación de algo detectado en una visita anterior. Con ese campo se sabe cuántas averías ha tenido un equipo en dos años, y esa cifra decide si compensa seguir reparándolo.

Las lecturas. Presiones, temperaturas, tiempos de disparo, lo que cada gremio mida. En campos numéricos, para que la lectura de julio se pueda poner al lado de la de julio pasado.

Piezas cambiadas. Cuáles, con su referencia, y si estaban en garantía.

Las fotos. Del equipo antes y después, de la placa de características la primera vez, de lo que el técnico recomienda arreglar y el cliente decide dejar.

La fecha de la siguiente intervención, o la periodicidad que marca el contrato, para que el sistema la calcule.

Un parte con estos campos tarda lo mismo o menos que el de papel, si está bien hecho. Elegir de una lista es más rápido que escribir el nombre del cliente. La foto ya la hace el técnico con su móvil; lo que cambia es dónde acaba. Los diez minutos del histórico eran por escribir dos veces; escribiendo una, desaparecen. Cómo se construye un parte de trabajo que se cierra en la visita tiene su propia página.

El calendario sale de los partes

Con el histórico alimentado por el parte, la siguiente revisión ya no depende de que alguien recuerde repasar la lista del contrato.

Cada equipo tiene un contrato con una periodicidad, que en las instalaciones reguladas fija el propio reglamento, y una última visita con fecha. De las dos sale cuándo toca volver. Conviene calcular la siguiente sobre la fecha prevista y no sobre la real: si la trimestral de febrero se hizo el día 20 en vez del 12, la de mayo sigue venciendo el 12, o el calendario se va corriendo un poco cada visita. Si el técnico anotó que el quemador había que revisarlo antes del invierno, esa nota también se convierte en una fecha. El calendario se forma desde los partes.

El aviso llega a quien planifica las rutas con lo que vence en las próximas semanas, al gerente con lo ya vencido y, si lo quiere, al propio cliente.

Hay un caso que conviene tener previsto. El cliente dice que no. Que ahora no le viene bien, que el mes que viene, que ya llamará. Si el sistema solo registra visitas hechas, esa negativa desaparece y la revisión queda como pendiente del mantenedor. La negativa merece una entrada más del histórico, con fecha y con quién se habló. Si dentro de un año hay un problema con ese equipo, el histórico dice que se ofreció la visita y quién la rechazó.

Lo que el RITE ya exige para calderas y climatización

En las instalaciones térmicas de los edificios, el Reglamento de Instalaciones Térmicas (RITE, Real Decreto 1027/2007) obliga a llevar un registro de las operaciones de mantenimiento y de las reparaciones. Su artículo 27 pone la confección y las anotaciones a cargo de la empresa mantenedora, y la responsabilidad de que el registro exista, a cargo del titular de la instalación, que debe conservarlo al menos cinco años desde cada operación y tenerlo a disposición de las autoridades. La instrucción técnica IT 3.3 fija las operaciones y periodicidades mínimas del mantenimiento preventivo, y el artículo 28 regula el certificado anual de mantenimiento que firma el mantenedor autorizado. Un histórico que sale de los partes alimenta ese registro con lo que el técnico ya anota en cada visita. Los formatos y los plazos de cada tipo de instalación los marcan el reglamento y la normativa de cada comunidad autónoma, y se confirman con quien la inspecciona.

Qué se puede enseñar al cliente

Un histórico por equipo permite entregar al cliente algo que hoy casi nadie le da: un informe de su instalación. Qué equipos tiene, qué se ha hecho en cada uno este año, qué se recomendó y qué decidió no hacer, qué toca el año que viene. Con las fotos y las lecturas.

Ese informe cambia la conversación de la factura. Sin él, el cliente recibe una factura por "mantenimiento anual" y la compara con la del mantenedor que le ofrece lo mismo por menos. Con él, ve las cuatro visitas, la fuga que se detectó a tiempo y el compresor que salió en garantía porque alguien tenía la fecha.

Hay un límite que conviene marcar. El histórico es prueba de lo que se ha hecho. Ante una inspección, sirve para justificar que la revisión se hizo, cuándo y por quién, con fotos. El acta o el certificado que exige cada reglamento es otro documento, con su formato y sus firmantes, y el organismo de inspección decide qué admite. El histórico ayuda a preparar esa acta con los datos delante. La responsabilidad de emitirla bien sigue siendo del mantenedor.

El orden de construcción importa. Primero el parte con el equipo identificado, que es digitalizar: el dato de cada visita pasa a existir con fecha, técnico y equipo. Después los avisos de revisión y el informe, que son automatizar: el sistema mueve datos que ya existen. Montar los avisos antes de tener los partes bien hechos produce avisos sobre fechas que nadie ha registrado. Ese orden está en el artículo sobre digitalización, automatización e IA.

El técnico nuevo, con la historia entera de la caldera

Si tus técnicos ya rellenan un parte por visita y lo que falta es que ese parte cuelgue del equipo y alimente su histórico, ese es el tramo que construimos en Ignira: software para empresas de mantenimiento, sobre tu programa de gestión. Si el parte todavía es de papel, el trabajo empieza un paso antes, en el orden que describe el artículo sobre digitalizar, automatizar y aplicar IA.

Este proceso aún no tiene un caso publicado entre nuestros trabajos. Cómo lo planteamos, con lo que entra y lo que se queda fuera, está en mantenimiento de instalaciones. Para decidir si el histórico por equipo es tu primer proyecto, la guía de primeros pasos para digitalizar ordena las preguntas.

Preguntas frecuentes

¿Qué debe contener el histórico de un equipo?
Primero la identidad del equipo: marca, modelo, número de serie, fecha de puesta en marcha y dónde está dentro de la instalación. Después, una entrada por visita con la fecha, el técnico, el tipo de trabajo y qué se hizo. Cada avería lleva su causa y las piezas cambiadas, y cada revisión sus lecturas y sus fotos. La última entrada fija la fecha de la siguiente revisión.
¿Cómo se rellena el histórico sin trabajo extra para el técnico?
Se rellena desde el parte de trabajo. Si el técnico elige el equipo al abrir el parte, en vez de escribir solo el nombre del cliente, cada campo que rellena queda colgado de ese equipo. El histórico se forma con los partes cerrados y nadie tiene que pasarlo a limpio después. Si el parte no identifica el equipo, el histórico obliga a un segundo trabajo y ese segundo trabajo se deja de hacer.
¿Sirve el histórico para las inspecciones legales del cliente?
Sirve como prueba de lo que se ha hecho y cuándo, con fechas, técnico y fotos. Lo que no sustituye es el acta o el certificado que exige cada reglamento, que tiene su propio formato y sus propios firmantes. El organismo de inspección aplica sus reglas y decide qué documento admite. El histórico ayuda a preparar esa documentación y a responder cuando piden justificar una visita. En calderas y climatización, además, el RITE exige un registro de las operaciones de mantenimiento y reparaciones que confecciona la empresa mantenedora.
¿Qué pasa con el histórico si el cliente cambia de mantenedor?
El histórico de sus equipos es información del cliente, y conviene tratarlo así desde el principio. Si cambia de mantenedor, tiene que poder llevárselo en un formato legible, con las visitas, las piezas y las fotos, sin depender del programa de la empresa que se va. En instalaciones térmicas, el registro de mantenimiento del RITE lo conserva el titular al menos cinco años. Entregarlo bien también protege al mantenedor saliente, porque deja constancia de lo que hizo y de lo que recomendó.

¿Tus partes ya dicen sobre qué equipo se trabajó?

Cuéntanos cómo rellenan hoy los técnicos el parte, en qué programa acaba y cuántos equipos lleváis. Si el parte sigue en papel, el trabajo empieza un paso antes y te lo diremos.

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